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Oda al Atlántico (Fragmentos). Tomás Morales.

   Tal vez el carácter insular de Tomás Morales y la peculiaridad de su poética ha supuesto su desconocimiento por parte del gran público. Aunque parte de su vida se desarrolló en Madrid, donde fue conocido y admirado, el olvido cayó pronto sobre él. Muy apegado al Modernismo, su figura quedó oculta tras la grandeza de Juan Ramón Jiménez, el más brillante exponente del movimiento. Sin embargo, en los versos de Tomás Morales, más que en los del poeta onubense, advertimos mayor apego a los presupuestos estéticos del Modernismo y, en particular, a Rubén Darío.

Oda al Atlántico (Fragmentos)

Tomás Morales

(1885-1921)

El mar: el gran amigo de mis sueños, el fuerte

titán de hombros cerúleos e inenarrable encanto:

en esta hora, la hora más noble de mi suerte

vuelve a henchir mis pulmones y a enardecer mi canto.

El alma en carne viva, va hacia ti, mar angustioso,

¡Atlántico sonoro! Con ánimo robusto

quiere hoy mi voz de nuevo solemnizar tu brío.

Sedme, Musas, propicias al logro de mi empeño:

¡Mar azul de mi Patria, mar de ensueño,

mar de mi infancia y de mi juventud.., mar Mío!

 

¡La Nave! Concreción de olímpica sonrisa;

vaso maravilloso de tablazón sonora,

pájaro de alas blancas para vencer la brisa:

amor de las estrellas y orgullo de la aurora…

El sol iluminaba las jarcias distendidas;

el coro dió sus hombros a las bandas pulidas;

y al deslizarse grave por la arena salada

—galardón infinito de la empeñada guerra—

de aplausos coreada,

en inverso prodigio. iba hacia el mar la Tierra…

 

¡Honor para el que apresta los flotantes maderos,

para los calafates, para los carpinteros

de ribera, nutridos de las rachas eternas

de la playa sonora!…

¡Y para aquel más hábil, que trazó las cuadernas,

la caricia de la aura de la fama armadora;

 

¡Honor para vosotros y gloria a los primeros

que arriesgaron la vida sobre los lomos fieros

del salvaje elemento de la mar dilatada:

nautas sin otro amparo que la merced del viento

y sin más brujularjo para la ruta incierta

que la carta marina de la noche estrellada,

sobre sus temerarias ambiciones abierta!…

 

¡Tripulantes! ¡La llama

del entusiasmo prenda vuestras almas bravías!

La custodia del barco que os entregan reclama

la actividad conjunta de vuestras energías.

En vosotros se afianza la utilidad del flete.

Todos sois necesarios, todos, desde el grumete

recién nacido apenas a la brisa salobre,

hasta el contramaestre de pómulos de cobre

y cana sotabarba

que en el túrgido vientre de las nubes escarba,

Los que en la negra noche hacen de centinelas.

 

los que tienen las jarcias para largar las velas,

el que en la labor dura del baldeo trajina

y los estibadores de carga en la sentina.

Los que trepan a lo alto de las largas entenas

y los que desentornan las chirriantes cadenas

de las anclas combadas…

¡Amigos, camaradas!

¡Impávidos muchachos ante el acaso ignoto!…

¡ Que vuestra quilla siempre taje un mar en bonanza!

Y fiar la esperanza

al arte del piloto, –

que cual un dios en la alta plataforma del puente

dirige con vóz cruda

la sabia maniobra; y al timonel prudente

que con mano membruda,

imprime al gobernalle seguros derroteros…

¡Recios trabajadores de la mar! ¡Marineros!

¡El Tritón, con su rúbrico caracol, os saluda!

Os saluda y alienta por la emprendida senda,

soberbios luchadores de estirpe soberana,

héroes arrojados en singular contienda

sin saber por la noche del día de mañana.

 

Nobles exploradores, argonautas valientes,

descúbridores de islas, pasos y continentes…

melitos balleneros, prodigio de la casta,

que, con cuerpo desnudo,

exponéis vuestras vidas al coletazo rudo

y blandís los arpones como el guerrero el asta;

y a vosotros que fuera de las leyes un día

dictasteis leyes propias y os arrogasteis fueros

e impusisteis a príncipes y navales guerreros

la profesión airada de la piratería…

 

¡De allá vino la práctica del valiente ejercicio!

Las gloriosas columnas del Hércules fenicio

dieron la subitánea

invasión con que, ebrias de bravura indomable,

hollaron impetuosas con viento favorable

la onda midacritánea

—con tan fastuoso orgullo que a la soberbia enoja—

las corsarias galeras de llaradin Rarbarroja,

para quien era estrecha la mar mediterránea..

 

Y a vosotros, ¡osados!

que escudriñáis los fondos del piélago inseguro,

pescadores de perlas o buzos ponderados;

los que hacéis el trabajo más peligroso y duro:

cuando exploráis naufragios de indicios fabulosos,

entre limosas cuencas y huyentes arenales,

o perseguís madréporas de orientes luminosos

por entre aurirramosas florestas de corales.

No hubo para vosotros inquebrantable obstáculo:

ni la feroz mandíbula, ni el constrictor tentáculo

a detener bastaron el ímpetu genuino;

mientras se desplegaba, magnífica y despierta,

ante el cristal redondo de la escafandra, abierta,

la maravilla enorme del mundo submarino…

 

¡Atlántico infinito, tú que mi canto ordenas!

Cada vez que mis pasos me llevan a tu parte,

siento que nueva sangre palpita en mis venas

y a la vez que mi cuerpo cobra salud mi arte…

El alma temblorosa se anega en tu corriente.

Con ímpetu ferviente,

henchidos los pulmones de tus brisas saladas

y a plenitud de boca,

un luchador te grita ¡Padre! desde una roca

de estas maravillosas Islas Afortunadas…

imagen fondo marino

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