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El faro de Malta. Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano (Duque de Rivas)

Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano, III duque de Rivas y grande de España, fue un dramaturgo, poeta, historiador, pintor y estadista español, que hoy goza de notoriedad por su drama romántico Don Álvaro o la fuerza del sino (1835). Fue embajador en Nápoles y en París, vicepresidente del Senado y del Estamento de Próceres, ministro de la Gobernación y de Marina, presidente del Consejo de Ministros (durante solo dos días de 1854), presidente del Consejo de Estado y director de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia.

El faro de Malta

Ángel de Saavedra y Ramírez de Baquedano (Duque de Rivas)

(1791 –1865)

 

Envuelve al mundo extenso triste noche,
ronco huracán y borrascosas nubes
confunden y tinieblas impalpables
el cielo, el mar, la tierra;

y tú invisible te alzas, en tu frente
ostentando de fuego una corona,
cual rey del caos, que refleja y arde
con luz de paz y vida.

En vano ronco el mar alza sus montes
y revienta a tus pies, do rebramante
creciendo en blanca espuma, esconde y borra
el abrigo del puerto:

tú, con lengua de fuego, aquí está, dices,
sin voz hablando al tímido piloto,
que como a numen bienhechor te adora,
y en ti los ojos clava.

Tiende apacible noche el manto rico,
que céfiro amoroso desenrolla,
recamado de estrellas y luceros,
por él rueda la luna;

y entonces tú, de niebla vaporosa
vestido, dejas ver en formas vagas
tu cuerpo colosal, y tu diadema
arde al par de los astros.

Duerme tranquilo el mar, pérfido esconde
rocas aleves, áridos escollos
falso señuelo son, lejanas cumbres
engañan a las naves.

Mas tú, cuyo esplendor todo lo ofusca,
tú, cuya inmoble precisión indica
el trono de un monarca, eres su norte,
les adviertes su engaño.

Así de la razón arde la antorcha
en medio del furor de las pasiones
o de aleves halagos de fortuna,
a los ojos del alma.

Desque refugio de la airada suerte
en esta escasa tierra que presides,
y grato albergue el cielo bondadoso
me concedio propicio,

ni una vez solo a mis pesares busco
dulce olvido del sueño entre los brazos,
sin saludarte, y sin tornar los ojos
a tu esplendida frente.

¡Cuántos, ay ,desde el seno de los mares
al par los tornarán!.., tras larga ausencia
unos, que vuelven a su patria amada,
a sus hijos y esposa,.

otro profugos, pobres, perseguidos,
que asilo buscan, cual busqué, lejano
y a quienes que lo hallaron tu luz dice,
hospitalaria estrella.

Arde y sirve de norte a los bajeles,
que de mi patria, aunque de tarde en tarde,
me traen nuevas amargas y renglones
con lagrimas escritos

Cuando la vez primera deslumbraste
mis afligidos ojos, ¡cuál mi pecho,
destrozado y hundido en la
amargura,
palpitó venturoso!

Del Lacio moribundo en las riberas
huyendo inhospitable, contrastado
del viento y mar entre ásperos
bajíos,
vi tu lumbre divina:

viéronla como yo los marineros,
y olvidando los votos y plegarias
que en las sordas tinieblas se perdían,
¡ Malta! Malta!, gritaron;

y fuiste a. nuestros ojos la aureola
que orna la frente de la santa imagen,
en quien busca afanoso peregrino
la salud y el consuelo

Jamas te olvidare jamas… Tan solo
trocara tu esplendor ,sin olvidarlo,
rey de la noche, y de tu excelsa lumbre
la benefica llama.

Por la llama y los fúlgidos destellos
que lanza, reflejando al sol naciente,
el Arcángel dorado que corona
de Córdoba la torre.

fragmento cuadro faro

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