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Expediciónes de Álvar Núñez Cabeza de Vaca.

Mapa expedición Álvar Núñez Cabeza de Vaca

Mapa 1ª expedición Álvar Núñez Cabeza de Vaca


 

    Álvar Núñez Cabeza de Vaca (Jerez de la Frontera, 1488/1490 – Sevilla, 27 de mayo de 1559) fue un conquistador español que exploró la costa sur de Norteamérica desde la actual Florida pasando por Alabama, Misisipi y Luisiana y se adentró en Texas, Nuevo México, Arizona y en el norte de México hasta llegar al golfo de California, territorios que pasaron a anexionarse al Imperio Español dentro del Virreinato de Nueva España. Antes de iniciar su segundo viaje a América, esta vez para el Sur, el rey Carlos I de España le otorgó el título de segundo adelantado y lo nombró capitán general y gobernador del Río de la Plata, Paranáguazu y sus anexos​ y fue el primer europeo en llegar a las cataratas del Iguazú y que exploró el curso del río Paraguay.
En 1527, embarcó como algaucil mayor en la expedición de Pánfilo de Narváez.
A poco de llegar al Caribe, los viajeros fueron recibidos por un ciclón que les costó dos barcos, sesenta personas y veinte caballos. Cuando pudieron reorganizarse, cuatrocientos hombres pusieron rumbo al norte en cinco barcos: la idea era explorar la península de la Florida, adonde llegaron en abril de 1528. Desde allí irían hacia el norte, al “Apalache” según dedujeron de lo que algunos indios les murmuraban cuando les preguntaban por las fuentes del oro y el maíz.
La expedición no era sencilla, las costas estaban llenas de islotes y el continente no era precisamente tierra firme sino pantanosa.
Cabeza de Vaca comenzaba a mostrar su fibra, aunque discrepaba con Narváez (partidario de dividir la expedición enviando trescientas personas por tierra y cien por mar), decidió seguirlo.
Los cálculos de Cabeza de Vaca no estaban errados: los caballos servían de poco en aquel suelo; escaseaban alimentos; algunos poblados con los que se cruzaban los recibían a flechazos y los expedicionarios comenzaban a caer por culpa de fiebres extrañas.
En tres meses murieron casi sesenta hombres por hambre, enfermedad o en combate. Un tercio de los sobrevivientes languidecía, semipostrado; hubo intentos de fuga y algunos oficiales se odiaban entre sí. Para colmo, no había noticias del grupo que navegaba.
Como pudieron, los que estaban en condiciones construyeron cinco naves (la mejor para Narváez, otra para Cabeza de Vaca y una tercera al mando de Alonso Castillo y Andrés Dorantes). El 20 de septiembre se largaron al mar, con la idea de llegar a la desembocadura del Mississippi, a la que llegaron el 5 de noviembre. Sin embargo seguían muriendo uno tras otro.
Finalmente, el ansiado Mississippi fue el desastre final: sus aguas desembocaban con tanta fuerza que era imposible remontarlas para ganar la costa. A pesar del pedido de Cabeza de Vaca para que la flota intentara mantenerse unida, Narváez ordenó el “sálvese quien pueda”. Una nave zozobró, la de Dorantes y Castillo desapareció; la de Narváez se perdió en el mar con él a bordo.
Cabeza de Vaca alcanzó la costa con un puñado de sobrevivientes extenuados, a los que se unieron días después Dorantes, Castillo y otros náufragos, señaló el lugar como la “isla de Mal Hado”, los estudiosos señalan el lugar como Galveston, en Texas, Estados Unidos.
Lo que Núñez no sabía era que llegar a un poblado español le iba a demandar todavía siete años. Durante ese tiempo, intuitivamente, usó las mismas técnicas que cualquier antropólogo moderno aplicaría en circunstancias parecidas: observó a la gente que fue conociendo, se adaptó a las costumbres de cada pueblo y guardó en su memoria cada una de las experiencias vividas.
Lo tomaron por hechicero: de hecho logró sanar gente y aprendió bastante medicina americana. Fue comprado y vendido como esclavo varias veces y estuvo a punto de ser asesinado otras tantas. Tuvo períodos de libertad y gracias al prestigio ganado como sanador pudo sobrevivir comerciando de pueblo en pueblo. Algunos de sus compatriotas lograron fugarse de un cautiverio, pero él se negó a abandonar a un enfermo. En una de sus idas y venidas reencontró a Dorantes, Castillo y a el negro Estebanico, que habían sobrevivido de milagro.
Esas aventuras las narró en “Naufragios” publicados hacia 1542, cuando él ya estaba en su segundo viaje americano. En el texto también describió las costumbres de diversos pueblos. Contó por ejemplo que los coaques y los haneses eran culturas matriarcales cuyas mujeres gozaban de una posición privilegiada; que repartían todas sus posesiones y que amaban y trataban muy bien a sus niños. En cambio otros, como los mariames y los iguaces, despreciaban a las mujeres y las obligaban a hacer los trabajos más pesados.
Naufragios relata los episodios más sorprendentes: desde la aceptación de la homosexualidad en algunas tribus hasta los diferentes métodos ejercitados por los pueblos de la costa y los de tierra adentro para ahuyentar mosquitos. Hace mención de las informaciones que había oído en relación con las ricas ciudades del norte de la Nueva España, con su relato impulsa la búsqueda de las “Siete ciudades de Cíbola”.
Después de haberse internado por lo que hoy es el estado de Texas, Cabeza de Vaca, Dorantes, Castillo y Esteban se toparon, el 1º de abril 1536 en las cercanías de San Miguel de Culiacán, con los primeros españoles. Éstos no podían creen lo que veían: los cuatro, extrañamente vestidos, encabezaban una muchedumbre que los seguía con adoración.
Fueron escoltados a México, donde el 23 de julio fueron recibidos por el virrey Antonio de Mendoza y el propio Hernán Cortés, haciéndoles saber de la existencia de países muy ricos al norte de Culiacán. Poco tiempo después Alvar Núñez emprendía su accidentado regreso a España.
No iba a permanecer allí demasiado tiempo; sólo el suficiente para escribir su Naufragios… Las noticias de la desastrosa expedición de Pedro de Mendoza por las tierras del Plata le sirvieron de excusa para ofrecerse como candidato a los cargos de Adelantado, Gobernador y Capitán General de la Provincia del Río de la Plata en el caso de que el sucesor de Mendoza, Juan de Ayolas, hubiera fallecido como se sospechaba. Algunos autores agregan, la existencia de un hijo, fruto de su unión con Amaría, nativa, en su peregrinación entre las comunidades indígenas, llamado Amadis, había sido esclavizado.
En diciembre de 1540 embarcó nuevamente hacia América.
El camino hasta Asunción también tuvo sus peripecias: para variar, naufragó en costas brasileñas y demoró casi un año en alcanzar su destino. En el trayecto, con combates y negociaciones con los indígenas, tuvo la confirmación de la muerte de Ayolas y se topó con una maravilla: las cataratas del Iguazú, donde “da el agua en lo bajo de la tierra tan grande golpe que de muy lejos se oye, y la espuma del agua, como cae con tanta fuerza, sube en lo alto dos lanzas y más”, según escribió.
Llegó a Asunción el 11 de marzo de 1542. Allí lo recibió Domingo Martínez de Irala, hombre taimado y ambicioso cuyo único objetivo era alzarse con las riquezas de las “Sierras del Plata” en la región andina y ser confirmado como Gobernador (precisamente, el puesto de Cabeza de Vaca).
Mientras organizaban las expediciones a las sierras, Irala y sus seguidores habían establecido lo que ellos mismos llamaban “el paraíso de Mahoma”, en el que disponían de cuantas mujeres les viniera en gana para su diversión y de los parientes de ellas como fuerza de trabajo.
Cabeza de Vaca quiso poner fin a esa situación. Prohibió a los blancos el trato con los indios y estableció una serie de normas destinadas a impedir su explotación. Para probar que hablaba en serio, hizo dar cien azotes al primer español que violó a una mujer guaraní después de promulgadas las ordenanzas.
Podría decirse que Cabeza de Vaca era un intelectual bien intencionado, pero, así como había logrado vencer mil obstáculos naturales,  no supo actuar políticamente. Lo único que consiguió fue ganarse el odio de la gente de Irala y de parte de la propia.
En algún momento tuvo noticias de la conjura que Irala organizaba solapadamente, pero no hizo nada. Fue riguroso cuando no hubiera debido serlo, y cuando la situación se hizo insostenible se dejó ganar por la inacción. Lo cierto es que el 26 abril de 1544 un grupo de colonos lo apresó en su casa y lo mantuvo casi un año encerrado hasta que el 8 de marzo de 1545 lo mandaron engrillado a España, acusado de cargos como el de querer convertirse en Rey.
El pleito duró ocho años, durante los cuales escribió una Relación General para informar sobre su actuación en la región del Plata. Finalmente lo absolvieron e incluso, en 1552, fue nombrado juez del Tribunal Supremo en Sevilla.
Esa designación fue lo último que se supo de él, se desconoce la fecha precisa de su muerte.

 

ENLACES DE INTERÉS:

Álvar Núñez Cabeza de Vaca – Wikipedia, la enciclopedia libre
https://es.wikipedia.org/wiki/Álvar_Núñez_Cabeza_de_Vaca

El último viaje de Alvar Núñez Cabeza de Vaca | Biblioteca Virtual
http://www.cervantesvirtual.com/…alvar-nunez-cabeza-de-vaca/…/5f8c321c-6a9d-4d0f-895…

Biografia de Álvar Núñez Cabeza de Vaca
https://www.biografiasyvidas.com/biografia/n/nunez_cabeza_de_vaca.htm

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