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Cruzando el Mediterraneo. José Martínez Monroy

José Martínez Monroy (Cartagena 1837-1861). Monroy recoge en buena medida el lenguaje y la temática de los escritores románticos de la primera mitad del XIX. Sus poemas de arte mayor se refieren a temas universales o a un mundo transcendente que tiene su máxima expresión en El génesis, sobre la creación divina del universo, y El Genio, también inspirado en Dios y su principal criatura, el hombre, que contempla desde el cielo todo lo creado.

Cruzando el Mediterraneo.

José Martínez Monroy

(1837-1861)

¡Hermosa noche! Por Oriente asoma
de bruma envuelta en anchurosa franja,
y cruzando sus velos en la altura,
doquiera tibia oscuridad derrama.
Huye la luz, bordando las esferas
con ricas orlas de colores varias,
y en los mares revueltos del ocaso
la refulgente cabellera baña.
Teñida en rayos de ilusión, desea
flotar ligera en la extensión el alma,
rasgar los tules y aspirar los gratos
frescos aromas que suspende el aura.
Tiembla la brisa de placer, meciendo
los blandos pliegues de ondulantes gasas;
partiendo sombras, las espesas nubes
el aire en cintas de arrebol desgarra,
y el cielo por encima de los orbes,
corona de diamantes, se destaca.
¡Hermosa noche! Las estrellas brotan
cual copos de zafir, rosas de nácar,
que al perfumado ambiente de los cielos
sus pétalos de chispas abrillantan.
La luna, su fulgor plácido y triste
rompiendo, bellos tornasoles lanza,
florón do cuelgan los perdidos paños
que en la bóveda inmensa se desatan,
encantada azucena, sol de nieve,
globo de luz de rutilante plata,
águila de la noche, que tendiendo
allá en lo azul con majestad las alas,
reposa sus miradas sobre el mundo,
que entre velos de lumbre pura y blanca,
y en los brazos mecida del espacio,
con sueño arrobador, muda descansa;
y sus rayos en hilos destilados
por el tenue vapor rielando pasan,
y mil plumas fantásticas dibujan
del mar tranquilo en las azules aguas.
El mar, undoso ceñidor celeste
que con sus lazos a la tierra abarca,
y colgada, en los cielos la suspende,
con un jirón del firmamento atada;
el mar, la losa del sepulcro inmenso
que el cadáver del mundo encierra y guarda
do sus copas altísimas cimbrean,
cual saúces de la muerte, las montañas;
el mar, que empaña su cristal bramando,
al aliento que el aire desparrama,
sepultando una ola en otra ola,
que se pierden gimiendo en sus entrañas,
cual del triste los míseros gemidos
se pierden en el mar de la esperanza.
Allá, extendida en la dudosa línea
que en el vasto horizonte se señala,
donde las ondas apacibles mueren,
donde se besan con amor las aguas,
cual tierno corazón que infunde vida
en el gigante mundo, late Italia.
Pedazo de la lumbre de la gloria
que las cenizas de la tierra inflama;
mentira hermosa, del Edén caída;
de una bella ilusión sagrada estatua
que yace sepultada entre ilusiones;
lira doliente, melodiosa arpa
que del cielo en la crespa cabellera
sus cuerdas de marfil y oro enredaba,
hasta tanto que al mundo desprendida
osaron los tiranos desgarrarla,
para tejer con ella sus coronas,
para cubrir de su borrén la infamia.
Y hoy sus tonos armónicos anega
entre el llanto inmensísimo que abrasa
los senos de la mar, como los mártires
anegan sus quejidos entre lágrimas;
y hoy descansa en monótona agonía
con laureles de espuma coronada,
blancas flores del campo de los mares
que su perfume de murmullo exhalan;
y al aire da su llanto dolorido
y al aura dice, si la besa el aura,
que pida al cielo libertad y vida,
¡ay!, porque vida y libertad le faltan.

 

Fragmento marina acuarela

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