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El bergantín “Sin rival”. Juan Negrín.

   Dejando a un lado las manifestaciones de los poetas acerca de sus sentimientos sobre el amor o el temor al mar, el hombre lo que verdaderamente ama son los barcos: infatigables servidores de la Humanidad, que entre las cosas inanimadas son quienes están más próximos a su afecto, sobre todo al de los marinos; para los que, al haber navegado algún tiempo en la misma nave, aquel armazón de chapas y mamparos llega a ocupar un lugar importante en sus afectos, como nos revela Ignacio Negrín con El bergantín sin rival.

El bergantín “Sin rival”

Juan Negrín

(1830-1885)

Mas yo que al turbio elemento

Tendí ya mis alas bellas

No vivo sino oigo en ellas

Crujir el vagoroso viento.

La tierra y su orgullo vano

Me causan mortal hastío;

Pero el mar… ¡Oh! ¡El mar es mío!

Mi patria es el océano.

 

Henchida la blanca lona

Rompiendo montes de espuma,

Vuela entre compacta bruma

El bergantín “Sin rival”.

Nave no hay que la aventaje

Ni en su casco ni en su guinda,

ni ha cruzado otra más linda

Por la zona tropical.

De esbelta y aguda prora,

Mástiles limpios y erguidos,

Costados siempre bruñidos,

Donde reverbera el sol.

No hay bajel que en su camino

Le iguale o rinda altanero,

Que es el buque más velero

Que nació en puerto español.

Si el viento silba iracundo

Graciosamente se inclina,

Pero avanza de bolina

Cual ningún otro bajel.

Nunca el turbión, de sus gavias

Rindió el mastelero erguido,

Ni puerto estrecho o torcido

Dejó de tomar por él.

En vano enemigo el viento

Contrariamente le azota,

y en vano el mar alborota

Sus montañas de cristal;

Que en apuntando sus vergas

Pese al soberbio elemento,

Sale siempre a barlovento

El bergantín “Sin rival”.

 

Tus límites inmensos que abarca la tormenta

no puedes traspasarlos en tu soberbio ardor;

y el soplo que tus senos convulsos alimenta.

se extingue al raudo soplo que emana del Señor.

Tú tienes tu lenguaje, tu música, tus ruidos,

Que expresan misteriosos tu insólito anhelar;

Si ruges, en los montes retumban tus bramidos,

Si lloras, en las playas rubricas tu pesar.

Yo entiendo tu lenguaje; yo al canto de tus olas

Mis penas incesantes, oceano, arrullé,

Y al ver como en la tarde tu espuma tornasolas

El velo de una virgen sobre tu faz miré.

Yo soy de tus susurros la triste melodía,

La misteriosa endecha con fé a reproducir:

De tu furor los ecos cuando en la noche umbría

Desciende la centella tus senos a entreabrir.

 

Mecido en los espacios sin límites que encierra

Tu vasta superficie desde mi infancia fuí,

Trocando por tus ondas la afortunada tierra,

Aurífero y ameno vergel donde nací.

De mi almenada villa los toscos campanarios

Lo ví del horizonte perderse en el dintel,

Y en su llugar tendidos tus campos solitarios

Sin límites inmensos, siguiendo mi bajel.

 

fragmento marina turner

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