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El Caleuche

ilustración caleuche

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El Caleuche, (del mapudungun kalewtun, “transformar, trocar” y che, “gente”: “gente transformada”), también llamado Buque de Arte, Barcoiche, Buque Fantasma o Barco de los Brujos, es un legendario barco fantasma de la mitología de Chiloé en el sur de Chile.


 

Mi buen amigo Luis Irles reside en Valparaíso desde que sus viajes mercantes lo devolvieron a su Chile natal. El deseo de volver a gozar de su conversación y su guitarra me hizo aceptar la oferta de mi querido capitán de la mercante, Alejandro Mínguez, de enrolarme en el “Don Juan”, que mandaba, que hacía un crucero rumbo a cabo de Hornos con escala en la ciudad chilena. Un telegrama puso a Lucho, así le llamábamos en la Escuela Oficial de Náutica de Barcelona, al tanto de mi viaje. Su respuesta me llegó de inmediato. El también embarcaría y así podríamos recuperar el tiempo que no nos veíamos. Poco después recalamos en Valparaíso. El encuentro fue entrañable. Tempus fugit fue nuestro común pensamiento. Como también era conocido del capitán Mínguez, lo enroló en el crucero. Nos presentó a su linda familia y nos enseñó la ciudad. Aquí diré que esta pacífica ciudad te gana para siempre en unas pocas horas. Al día siguiente el Don Juan zarpó rumbo sur. Nos esperaban mil quinientas millas de un mar que se iría haciendo más peligroso a medida que aumentara la latitud del barco, que culminaba en el mítico cabo de Hornos. Un oxímoron más de la vida: te despedía el furioso Pacífico en su encuentro con el transitado Atlántico.

A mitad de la derrota a seguir teníamos al través el chileno archipiélago Chiloe. Los habitantes de estas islas, son hijos de la mar en la que tienen la derrota a seguir en sus botes, para ir al mercado a comprar o vender alimentos, asistir a la escuela, al médico, … Tomábamos café en la guardia nocturna cuando vimos desde el puente de mando que un velero de grandes dimensiones, con todo su velamen al viento, incluso los foques aferrados a su inmenso botalón, llevaba rumbo de colisión con el nuestro. Nos sorprendió su inesperada aparición entre la ligera bruma, como si se hubiera desprendido de algún cúmulo bajo. No comprendimos como el radar no lo reflejaba. Muchos puntos fijos en la pantalla que correspondían a las islas del archipiélago, pero ningún punto luminoso en movimiento. Caímos a estribor para evitar la colisión. Nos sorprendió que el velero hiciera la maniobra contraria, caer a babor, con lo que el rumbo de colisión seguía. Nuestra sirena desenroscó su ronco grito de alerta, que no alteró el rumbo del velero. Completamos una virada en redondo y allí seguía, en la proa, a rumbo de colisión. Decidimos acercarnos para que reaccionaran al escuchar con más intensidad la música infernal de la sirena. Avisamos al capitán, como era obligado ante una situación de riesgo para el buque a su mando. Trascurridos escasos minutos estaba en el puente. Le narramos toda la maniobra realizada para evitar la colisión con el velero, que impertérrito la buscaba, y la circunstancia sorprendente que no lo reflejara el radar. Nuestro capitán y amigo nos señaló la proa. La ligera neblina había desaparecido y con ella el velero. Ante nuestras caras de asombro nos contó que el extraño velero era El Caleuche, un viejo velero fantasma que navega por el archipiélago Chiloe, siempre en la oscura noche y jamás en la claridad del día, que es avistado por los que pasan por estas latitudes por primera vez, pero no por todos, sino por los que él elige. Nos afirmó que él lo había visto iluminado envuelto por la neblina, en su primera guardia de mar nocturna al llegar a las Chiloe. Y que había oído música y risas, que según algunos eran la de todos los ahogados en la mar.

Nos deseó buena guardia y salió del puente, dejándonos con nuestra conversación asombrada y perpleja.

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