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La Santa María

foto nao Santa Maria

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La Santa María fue la mayor de las tres embarcaciones que Cristóbal Colón utilizó en su primer viaje al Nuevo Mundo en 1492. No está claro si era una nao o una carabela. Era propiedad de Juan de la Cosa.

Las otras dos naves de la expedición fueron las carabelas La Niña y  La Pinta. A diferencia de ellas, la Santa María no retornó a España al embarrancar en la isla Española en diciembre de 1492. Sus restos sirvieron para construir el Fuerte Navidad, el primer asentamiento español en el Nuevo Mundo.


 

Su recuerdo emociona a la generación de marinos mercantes de la Escuela de Barcelona, unidos bajo lo que dimos por llamar “El espíritu del Tequila”. A principios del sesenta y ocho del pasado siglo XX, empezaron a rodar una película sobre Colón, para Televisión Española, protagonizada por nuestro insigne Paco Rabal. Vinieron a la Escuela a contratar unos extras para maniobrar la Santa María. Nos ofrecimos unos cuantos (Ontiveros, Gallardo, Tony, Añaterve, Luzárraga, Andreu, Foz, Abel, Lucho…) por mor de las mil pesetas diarias más una bolsa con bocadillos. Sacamos la Santa María, un día de mar plana, con un remolcador, y al estar en movimiento con el viento por la popa, izamos las velas que se hincharon de aparente. La nao lucía de ensueño, por lo que rodaron los planos de navegación oceánica. Los días de mucha mar se dedicaban a las escenas de la vida diaria a bordo en esta mítica nave hacia el gran descubrimiento. El desembarco fue en Blanes (para el caso San Salvador) en su paradisiaca playa, en donde todos corrimos hacia tierra por el viento y frío que hacía. Algún que otro cayó por los hoyos en la arena o por darse con el remo que un navegante portaba. Cobramos lo prometido, que como fácil se acaba, arrasamos la fortuna de copas muy bien regada.

Ahora es pecio de mar

De los varios astilleros que se disputan su construcción, el que más visos de certeza tiene es el Lacomba, Valencia, según el testimonio de Vicente Lacomba Llorens, quien afirma que la construyó su abuelo, calafate y propietario del astillero, en 1951, en un tiempo record de cinco meses. Tenía aparejo de tres palos, con una eslora de 22 metros y una manga de 8 metros. No tenía camarotes, sino un sollado bajo cubierta, y la cámara del capitán.

Aunque no es una reproducción exacta de la nao pionera de los grandes viajes oceánicos, lo cierto es que este singular barco de madera pintada de rojo y negro se construyó como atrezzo para la película “Alba de América”, que en 1951 dirigió Juan de Orduña. Terminado el rodaje fue trasladada por el “Argos”, buque auxiliar de la armada, desde el puerto de Cartagena al de Barcelona, donde quedó amarrada de popa frente al monolito de Cristóbal Colón, junto a las turísticas “golondrinas” que surcaban el interior del puerto con su carga humana ávida de aventuras marinas. Fue comprada por la Diputación de Barcelona, para que siguiera su avatar de reclamo turístico, ya que era la atracción que más visitas generaba, más que cualquier museo, dejando aparte el Picasso.

De los cuatro atentados que sufrió la nao en 1990, por ser símbolo de españolidad para los militantes de la organización terrorista Terra Lliure, que después se integrarían en Esquerra Republicana de Cataluña, del último, efectuado con un cóctel Molotov, no pudo recuperarse. Y aunque fue trasladada a los talleres Vulcano de la Barceloneta su elevado coste de rehabilitación, cifrado en unos doscientos millones de pesetas, impidió su reconstrucción.

Desapareció sin dejar rastro ni explicaciones. Y así empezó la leyenda sobre su último destino.

Un aficionado submarinista, Ramón Pujol, siempre hace más el que quiere que el que puede, sabía de la existencia entre Arenys y Canet de un cementerio marino que los pesqueros de arrastre evitaban para no enganchar sus redes. Siguió en sus investigaciones y concluyó: la remolcaron y hundieron en secreto a tres millas de la costa, a 60 metros de profundidad. Allí reposa para siempre, recubierta de vegetación marina y redes de pescadores, refugio de bandadas de peces y objeto de visitas submarinistas. DEP

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